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Mantenimiento de tejados de teja y canalones: qué revisar antes de las lluvias
El tejado es la parte de la casa que más castigo recibe y la que menos se mira. Sol, heladas, viento y granizo actúan sobre él todos los años, y sus efectos no suelen verse desde la calle. Cuando aparece la mancha en el techo, el problema lleva tiempo ahí arriba.
Por eso el mantenimiento preventivo es tan rentable. Revisar la cubierta antes de la temporada de lluvias permite detectar pequeños defectos cuando todavía se resuelven con una intervención sencilla.
Por qué falla un tejado de teja
Un tejado inclinado funciona de forma simple: el agua escurre de teja en teja hasta el alero y de ahí al canalón. Cualquier cosa que interrumpa ese recorrido acaba provocando una filtración.
Las tejas se rompen por impactos, por pisadas o por las heladas, y se desplazan con el viento o con los movimientos de la estructura. El mortero de cumbreras y remates se agrieta con los años. Y la suciedad acumulada retiene humedad y desvía el agua hacia donde no debe.
Qué conviene revisar
- Tejas rotas, fisuradas o movidas. Una sola pieza fuera de su sitio es suficiente para que entre agua.
- Cumbreras y limas. Son las líneas donde se encuentran los faldones y concentran buena parte de los problemas.
- Encuentros con chimeneas, muros y ventanas de tejado. Los remates y sellados de estos puntos envejecen antes que el resto.
- Canalones y bajantes. Que no estén obstruidos, deformados ni sueltos, y que conserven la pendiente.
- Musgo y vegetación. Retienen agua, levantan las tejas y acaban taponando el desagüe.
- Aleros. Manchas o madera deteriorada indican que el agua no está saliendo por donde debería.
- El interior del bajo cubierta. Cercos de humedad, olor a moho o luz que entra entre las tejas son avisos claros.
Los canalones, el gran olvidado
Un canalón atascado con hojas y tierra no evacúa el agua: la desborda. Y el agua que rebosa cae sobre la fachada, empapa el alero o se cuela por el encuentro con el tejado. Muchas humedades que se atribuyen a la cubierta empiezan en realidad aquí.
Lo recomendable es limpiarlos al menos una vez al año, preferiblemente al final del otoño, cuando ya ha caído la hoja. Si hay árboles cerca, puede hacer falta una segunda limpieza. Al hacerlo, conviene comprobar las uniones, los soportes y que las bajantes no estén obstruidas.
Reparar, retejar o rehabilitar
No todas las cubiertas necesitan lo mismo, y un buen diagnóstico evita gastar de más o quedarse corto.
Reparación puntual. Sustitución de tejas dañadas, sellado de encuentros y repaso de cumbreras. Es suficiente cuando el tejado está en buen estado general y los defectos están localizados.
Retejado. Consiste en levantar las tejas, revisar el soporte y volver a colocarlas, reponiendo las que no sirven. Está indicado cuando los problemas son generalizados pero la estructura está sana.
Rehabilitación completa. Si el soporte está deteriorado o la cubierta carece de impermeabilización y aislamiento, lo sensato es renovarla entera. Es más inversión, pero resuelve el problema a largo plazo.
Una oportunidad para mejorar el aislamiento
Cuando hay que levantar el tejado, es el momento de incorporar aislamiento térmico. La cubierta es una de las zonas por las que más energía pierde una vivienda, y aislarla aprovechando la obra tiene un coste añadido reducido frente al beneficio que aporta. Lo explicamos en el aislamiento térmico como clave de la eficiencia energética.
La seguridad, lo primero
Subir a un tejado sin medios adecuados es peligroso. Las tejas resbalan, pueden romperse bajo el peso de una persona y la caída suele ser grave. Además, pisar sin conocimiento rompe piezas y genera nuevas goteras.
La revisión debe hacerla personal cualificado, con sistemas de protección anticaída. Desde el suelo o desde una ventana sí puedes observar si hay tejas movidas, canalones descolgados o vegetación.
Señales de alarma dentro de casa
Manchas amarillentas en techos y parte alta de las paredes, pintura abombada, olor a humedad en la última planta o goteo durante las tormentas indican que el agua ya ha entrado. En ese punto no conviene esperar: cada episodio de lluvia agrava el daño. En nuestro artículo sobre cómo evitar los daños por filtraciones de agua de lluvia encontrarás más información.
Qué incluye una revisión profesional
Una revisión bien hecha no se limita a mirar las tejas. Se recorre la cubierta con medios de seguridad, se comprueban cumbreras, limas y remates, se limpian canalones y bajantes, y se inspecciona el bajo cubierta en busca de humedades. Al terminar, lo razonable es recibir un informe con fotografías que distinga lo urgente de lo que puede esperar. Con esa información se decide con calma, sin tener que subir a comprobarlo.
Preguntas frecuentes
¿Cada cuánto hay que revisar el tejado?
Una vez al año es lo razonable, y siempre después de un temporal fuerte de viento o granizo.
¿Cuándo es mejor hacerlo?
A principios de otoño, antes de las lluvias, o en primavera, para comprobar cómo ha pasado el invierno.
¿Una gotera pequeña puede esperar?
No es recomendable. El agua moja el aislamiento y la estructura mucho antes de que la mancha sea visible, y el daño crece con cada lluvia.
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